Todas las especies son únicas aunque todas tengan muchos genes en común. El alto porcentaje genético que compartimos con otras especies es un indicador de nuestro origen común y nos ayuda a calcular el tiempo desde que nos separamos.

ADN con genes
Sorprendente un grano de arroz y el ser humano compartimos una cuarta parte de nuestros genes. Los genes que compartimos con esta planta o con un rinoceronte son uno de los más interesantes indicios de nuestra herencia común. Todos los seres vivos imaginables en el planeta Tierra, comparten un ancestro común y todos los linajes que descendientes de este “familiar” tienen una parte de su genoma original.

Árbol filogenético en el que se aprecia que todos los seres vivos procedemos de un ancestro común
Gracias a esto, al indagar en los genomas de otras especies distintas a la nuestra, podemos aportar información sobre los genes involucrados en la biología humana y en las enfermedades que nos afectan.

Levaduras, un ejemplo de hongo con el que compartimos algunos genes
Pero los catálogos genéticos humanos han variado con el tiempo. Los genes pueden desaparecer para surgir otros nuevos a partir de mutaciones del ADN, o simplemente aparecer en nuestro genoma por invasiones víricas.

Chimpancé, probablemente el ser vivo con el que más similitudes tenemos
No es de extrañar que compartamos muchos más genes con los chimpancés que con, por ejemplo, la levadura, ya que nuestro camino evolutivo lo hemos recorrido con ellos. Y puede que en esos genes restantes que no son comunes con ningún otro ser vivo este la explicación de lo que nos hacer realmente humanos.

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El tipo y la calidad de pan que consumimos  pueden mejorar nuestra dieta y aportar grandes beneficios para nuestra salud. 


Varios tipos de pan
El Instituto Aragonés de Ciencias de la Salud (IACS) ha realizado un estudio con ratones en el que se demuestra como el pan afecta a su intestino. El pan de baja calidad , elaborado con impulsores industriales provoca una inflamación sistémica del intestino del ratón.  Por el contrario, cuando el pan es de calidad o de larga fermentación, no apareció esa inflamación e incluso, en el caso del pan integral, actuó de forma beneficiosa en la flora intestinal del ratón. 

Estas son las conclusiones de la primera fase del estudio. Antonio Rezusta, jefe de Microbiología del Hospital Miguel Servet de Zaragoza, es el investigador principal de este estudio, en el que también participan Pedro Marijuan, investigador de Biomed en el IACS, Jorge Pastor, residente en España del Club Richemont, Rosa del campo, investigadora del Hospital de Ramón y Cajal de Madrid y Julián Pardo, investigador de la Universidad de Zaragoza.

Microbioma intestinal
Este no es el primer estudio sobre el microbioma intestinal, peros si la primera vez que se investiga en relación con el pan.  En esta primera fase de la investigación, realizada en ratones, se ha analizado la contribución del pan según sus métodos de fermentación en el mantenimiento y la mejora del microbioma. En la segunda fase se realizarán las pruebas en humanos y en especial en colectivos especialmente sensibles como los niños y los mayores. 

¿Qué es el microbioma intestinal?

El microbioma intestinal es el conjunto de microbios, virus, hongos y levaduras que hay en el intestino y que nos ayudan a digerir los alimentos. En palabras del doctor Razusta “buena parte de nuestra salud depende de tener un microbioma no inflamatorio”. En caso contrario puede surgir reacciones en el sistema inmune tales como intolerancia a la lactosa, al gluten y a otros muchos alimentos, así como elevar nuestros niveles de cansancio y fatiga, y favorecer enfermedades como la obesidad y la diabetes. 

Localización del microbioma intestinal
En nuestra opinión es muy interesante que se lleven a cabo este tipo de investigaciones, ya que no solo debemos elegir un producto por su precio, también hay que tener en cuenta su calidad. Si no hacemos esto algunos producto podrían causarnos problemas de digestión, aumentar el riesgo de sufrir intolerancias o incluso una enfermedad. Otra razón por la que hemos elegido esta noticia es porque este estudio se esta haciendo en Aragón.

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Investigadores del instituto Salk de California, entre los que se encuentra el español Juan Carlos Izpisúa, junto con la Academia China de las Ciencias en Pekín, han llevado a cabo un descubrimiento clave que nos permite entender el envejecimiento, lo que, como ha sucedido anteriormente en la historia de la ciencia, nos permitirá en un futuro que el conocimiento de este fenómeno biológico tenga una aplicación social y tecnológica. 

El paso del tiempo
Para conseguir llegar hasta allí, han estudiado el síndrome de Werner o progeria adulta, que consiste en un envejecimiento prematuro, y afecta solamente a una de cada 20.000 personas. El estudio realizado llevó a la conclusión de que la causa genética del síndrome, la mutación de un gen denominado WRN, provoca el envejecimiento prematuro que caracteriza al síndrome de Werner al alterar la organización geométrica a gran escala del ADN del núcleo de cada célula, llamado heterocromatina. De esta forma, demostraron que la mutación que causa el síndrome de Werner lleva a la desorganización de la heterocromatina y que esto es una de las causas claves del envejecimiento, como explica Izpisúa. Así que el síndrome de Werner, una enfermedad extremadamente rara, podría ser esencial para estudiar las causas profundas del envejecimiento en general, y no solo el prematuro, lo que podría llevar a encontrar la tan deseada vacuna contra el envejecimiento, una “enfermedad” no tan extraña.

Célula con y sin progeria
Tras descubrir esto, los científicos americanos y chinos, basándose en cultivos de células madre embrionarias humanas, han utilizado innovadoras técnicas de edición genómica para activar su gen WRN, de manera que han sido capaces de generar un modelo celular del envejecimiento en cultivo. En estos cultivos han observado que las células se deterioran, “envejecen”, de forma normal, pero a una velocidad mucho mayor, por lo que queda nuevamente demostrado que es ese gen, el WRN, causante del síndrome de Werner, el encargado de desorganizar la heterocromatina, y por tanto de ocasionar el envejecimiento de las células. Los investigadores esperan que estos resultados sean también extrapolables a los cuerpos humanos dentro de no mucho tiempo. 

Células madre
Hemos elegido presentaros esta noticia porque pensamos que encontrar el causante del envejecimiento es un descubrimiento muy importante, que sin duda pasará a la historia, y además esperamos que en un futuro tenga aplicaciones interesantes como pueden ser retrasar o frenar el crecimiento de nuestras células y por tanto también el de nuestros cuerpos, lo que nos parecería también por otra parte impresionante, ya que, sería increíble poder terminar con el envejecimiento tan solo alterando un gen. Esperamos también que esto permita acabar con algunas enfermedades causadas por este mismo gen, el WRN, como el síndrome de Werner, ya que además ha sido el que ha permitido llegar a este descubrimento.


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Un grupo de genetistas de Suiza, ha descubierto que hasta un 70% de los varones británicos y españoles, y alrededor de un 50% de los europeos, están emparentados con el faraón egipcio Tutankamón.

Se ha llegado a esta conclusión gracias a que en el centro de genealogía iGENEA de Zúrich, han sido capaces de reconstruir el perfil de ADN de este faraón, así como el de su padre y el de su abuelo.

Tutankamón
 Los miembros del equipo de investigación observaron que Tutankamón pertenecía a un perfil genético llamado “haplogrupo R1b1a2”. A este perfil pertenecen también más de la mitad de los varones de Europa occidental, así como un 70% de los españoles y un 60% de los franceses. El hecho de que pertenezcan a ese mismo perfil genético significa que comparten un ancestro común.  Lo más sorprendente de este estudio es que ha revelado que el haplogrupo R1b1a2 constituye menos del 1% de los varones egipcios de la actualidad, lo que lo hizo muy interesante para los investigadores, como señaló Roman Scholz, el director del centro iGENEA. Los investigadores creen que ese ancestro común vivía en la zona del Cáucaso, hace unos 9.500 años, y que las primeras migraciones de este perfil de ADN a Europa empezaron con la expansión de la agricultura en torno al 7.000 A.C, aunque aún no se sabe con exactitud cómo llegó a Egipto.

Científicos examinando el cuerpo de Tutankamón
En estos momentos, el mismo centro de investigación está realizando pruebas de ADN con el objetivo de encontrar a los parientes vivos más cercanos del faraón, lo que ha despertado mucho interés.

Tumba de Tutankamón
Hemos decidido comentar esta noticia, ya que encontramos interesante, y sobre todo sorprendente, que haya tantos hombres en Europa, y en España, que estén emparentados, aunque sea de manera muy lejana, con uno de los faraones egipcios más célebres: Tutankamón. Además, encontramos increíble el hecho de que esto pueda saberse simplemente a través de un análisis de ADN, una molécula tan pequeña, de un tamaño tan despreciable, pero que a la vez contiene tanta información, tan importante y esencial para la vida, y que además nos permite descubrir datos y hechos tan curiosos y extraordinarios como el descrito en este artículo.

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Las paradojas son el gran motor de la ciencia. El descubrimiento seminal de Kepler –que los planetas siguen órbitas elípticas en torno al Sol— planteó una de las primeras en la historia del conocimiento moderno. Y la percepción genial de Galileo, que la piedra y la pluma caen con la misma aceleración, planteó la segunda. Cuando Newton resolvió ambas paradojas con su teoría de la gravedad, desató una revolución que creó el mundo en que vivimos.

Recreación de un quasar.
Agujero negro

Las paradojas actuales marcan también el camino hacia el conocimiento futuro. Una de las mayores de la física actual es la inmensidad de lo que ignoramos sobre la cuestión más básica imaginable: de qué está hecho el mundo. La física es una ciencia tan admirable que puede cuantificar con precisión la estructura de esa ignorancia nuestra: la materia común, como todos nosotros y todas las estrellas que pueblan el cielo nocturno, eso que solemos llamar “todo”, supone nada más que un miserable 5% del "todo" real. Las cosas que realmente pesan en el universo conocido son dos profundos misterios, la materia oscura (25%) y la energía oscura (70%). Y además de todo eso, ni siquiera podemos ver la mitad de la materia ordinaria, ese 5% que sabemos que existe (estaba allí poco después del Big Bang), pero que no la percibimos.


Cosmos


Puede considerarse una exhibición de nuestro analfabetismo cósmico, pero también demuestra el gran poder de nuestro razonamiento, que ya es 20 veces superior a nuestra intuición aristotélica, y subiendo.


Materia y energía oscura
Creemos que aunque pasen millones de millones de años, nunca podremos saber todo acerca del universo y lo que lo forma. Que el 5% sea todo lo que sabemos que existe nos parece mucho ya que el universo está en constante expansión y para llegar al final de él tendríamos que ir más rápido que la luz, cosa hasta entonces imposible. Por tanto nunca encontraremos esos dos componentes del universo: la energía oscura y la materia oscura.

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