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Un equipo de científicos de la Universidad Médica de Cantón, al sur de China, ha conseguido recientemente obtener embriones humanos resistentes al virus causante del sida, el VIH, mediante la modificación genética de éstos.


Embrión humano
Para ello tomaron 26 embriones no aptos para tratamientos de fertilidad y mediante una nueva técnica llamada CRISPR-Cas9 los modificaron genéticamente. Con esto lograron que cuatro de estos 26 embriones desarrollaran inmunidad frente al VIH. Sin embargo, el resto mostraron otras mutaciones no deseadas, lo que demuestra que aún es pronto para que esta técnica sea usada clínicamente, incluso si el método utilizado por este equipo permite lograr una modificación genética más precisa que las técnicas utilizadas habitualmente.

Virus del SIDA
Hemos elegido este artículo porque pensamos que este logro puede suponer un gran avance para la medicina actual y para la lucha contra el sida y otras enfermedades gracias a la utilización de técnicas de modificación genética tan precisas como la utilizada por este equipo de médicos chinos. Además, en el artículo se nombra la cuestión moral de este tipo de técnicas, que para nosotros es un tema de debate muy interesante, ya que, por un lado, estos métodos son muy útiles a la hora de tratar enfermedades hereditarias, cáncer y otras muchas, lo que supone un gran progreso en el campo de la medicina y, por tanto, podría terminar suponiendo también una gran mejora de la calidad de vida y la salud de la sociedad, pero por otro lado, puede también plantear dilemas éticos, al permitir por ejemplo el diseño de bebés ‘a la carta’.

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Todas las especies son únicas aunque todas tengan muchos genes en común. El alto porcentaje genético que compartimos con otras especies es un indicador de nuestro origen común y nos ayuda a calcular el tiempo desde que nos separamos.

ADN con genes
Sorprendente un grano de arroz y el ser humano compartimos una cuarta parte de nuestros genes. Los genes que compartimos con esta planta o con un rinoceronte son uno de los más interesantes indicios de nuestra herencia común. Todos los seres vivos imaginables en el planeta Tierra, comparten un ancestro común y todos los linajes que descendientes de este “familiar” tienen una parte de su genoma original.

Árbol filogenético en el que se aprecia que todos los seres vivos procedemos de un ancestro común
Gracias a esto, al indagar en los genomas de otras especies distintas a la nuestra, podemos aportar información sobre los genes involucrados en la biología humana y en las enfermedades que nos afectan.

Levaduras, un ejemplo de hongo con el que compartimos algunos genes
Pero los catálogos genéticos humanos han variado con el tiempo. Los genes pueden desaparecer para surgir otros nuevos a partir de mutaciones del ADN, o simplemente aparecer en nuestro genoma por invasiones víricas.

Chimpancé, probablemente el ser vivo con el que más similitudes tenemos
No es de extrañar que compartamos muchos más genes con los chimpancés que con, por ejemplo, la levadura, ya que nuestro camino evolutivo lo hemos recorrido con ellos. Y puede que en esos genes restantes que no son comunes con ningún otro ser vivo este la explicación de lo que nos hacer realmente humanos.

Fuente de la noticia: 
Un grupo de genetistas de Suiza, ha descubierto que hasta un 70% de los varones británicos y españoles, y alrededor de un 50% de los europeos, están emparentados con el faraón egipcio Tutankamón.

Se ha llegado a esta conclusión gracias a que en el centro de genealogía iGENEA de Zúrich, han sido capaces de reconstruir el perfil de ADN de este faraón, así como el de su padre y el de su abuelo.

Tutankamón
 Los miembros del equipo de investigación observaron que Tutankamón pertenecía a un perfil genético llamado “haplogrupo R1b1a2”. A este perfil pertenecen también más de la mitad de los varones de Europa occidental, así como un 70% de los españoles y un 60% de los franceses. El hecho de que pertenezcan a ese mismo perfil genético significa que comparten un ancestro común.  Lo más sorprendente de este estudio es que ha revelado que el haplogrupo R1b1a2 constituye menos del 1% de los varones egipcios de la actualidad, lo que lo hizo muy interesante para los investigadores, como señaló Roman Scholz, el director del centro iGENEA. Los investigadores creen que ese ancestro común vivía en la zona del Cáucaso, hace unos 9.500 años, y que las primeras migraciones de este perfil de ADN a Europa empezaron con la expansión de la agricultura en torno al 7.000 A.C, aunque aún no se sabe con exactitud cómo llegó a Egipto.

Científicos examinando el cuerpo de Tutankamón
En estos momentos, el mismo centro de investigación está realizando pruebas de ADN con el objetivo de encontrar a los parientes vivos más cercanos del faraón, lo que ha despertado mucho interés.

Tumba de Tutankamón
Hemos decidido comentar esta noticia, ya que encontramos interesante, y sobre todo sorprendente, que haya tantos hombres en Europa, y en España, que estén emparentados, aunque sea de manera muy lejana, con uno de los faraones egipcios más célebres: Tutankamón. Además, encontramos increíble el hecho de que esto pueda saberse simplemente a través de un análisis de ADN, una molécula tan pequeña, de un tamaño tan despreciable, pero que a la vez contiene tanta información, tan importante y esencial para la vida, y que además nos permite descubrir datos y hechos tan curiosos y extraordinarios como el descrito en este artículo.

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La recuperación de una especie extinguida ha dejado de ser una fantasía. Se ha dado un caso de devolver la vida a un animal ya extinguido, el bucardo, al que tres años después de su extinción, consiguieron clonar a la última hembra de la especie.

Bucardo
El bucardo era una especie de cabra montesa que habitaba en la cordillera de los Pirineos, pero cuando llegaron las armas de fuego, los cazadores diezmaron su población. En 1989 se reveló que solo quedaban una docena de ejemplares. Diez años después solo quedaba una hembra, Celia, que tras su muerte en el año 2000, se extinguió por completo su especie, pero aun con todo, algunas de sus células sobrevivieron. Durante los años siguientes, un grupo de investigadores dirigido por José Folch clonó esas células. Inyectó núcleos de estas en óvulos de cabra doméstica a las que había extraído el ADN original y luego implantó esos embriones en animales capaces de gestarlos. De 57 implantaciones, solo una madre lo consiguió. Desgraciadamente a los pocos minutos de nacer murió ahogado debido a ciertas complicaciones causadas por la clonación.

El concepto de “desextincion” llevaba dos décadas más en el mundo de la fantasía que en el de la ciencia. El clon de Celia es, por ahora, lo más cerca que se ha estado de este extravagante concepto.


Proceso de clonación de Celia
En el otoño de 2013 se realizó un encuentro científico, al que acudieron expertos de las distintas ramas de la biología de todo el mundo para debatir sobre este tema, pero surgieron dos preguntas muy importantes: ¿Se podía hacer? y ¿Se debería hacer? Fielmente afirmaron que a desextincion está, por fin, a nuestro alcance.

Aunque creamos que podemos resucitar a animales extinguidos como los dinosaurios, estamos equivocados, solo podemos intentar revivir a los que desaparecieron en las últimas decenas de miles de años, y cuyos restos conservan células intactas o suficiente ADN para reconstruir su genoma.

A lo largo de la última década se ha aumentado la probabilidad del éxito en la clonación de animales. Se han desarrollado procedimientos para que las células adultas de los animales regresen a su estado de células embrionarias para formar óvulos fácilmente manipulables y producir embriones. Estos procesos tecnológicos facilitan esta complicada tarea.

Pero no solo se ha intentado desextinguir al bucardo, también se ha intentado hacer lo mismo con el tigre de Tasmania y dos especies de ranas australianas: la rana incubadora gástrica australiana septentrional y meridional, llamadas así por su característico proceso de reproducción.

Tigre de Tasmania
En el debate ético de la resurrección de animales extinguidos se cuestionan algunas preguntas:
¿Si producimos un animal extinguido a partir de otro existente, sería en realidad el mismo animal? ¿Se deberían soltar a la naturaleza o se volverían a extinguir en poco tiempo? ¿Sería suficiente con mantener a esa población en un laboratorio o tal vez en un zoo donde la gente pueda verla?

Los defensores de la desextincion tienen en cuenta estas cuestiones y se creen que es necesario resolverlas antes de continuar con cualquier proyecto.

Nuestra opinión es que este artículo nos demuestra que la ciencia avanza a pasos agigantados y que es posible desextinguir animales que se creía que nunca más se iban a ver, pero no por eso debemos dejar de protegerlos, lo que tenemos que hacer es dejar de diezmar sus poblaciones y permitirles vivir muchos años. Debemos dejar de contaminar sus hábitats o modificarlos.

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La idea de que los virus son malos y las defensas son buenas no parece estar tan claro. Investigaciones recientes sostienen que las cosas son más complejas que todo esto. El sistema inmune e innato, una primera línea de defensa contra los agentes patógenos, funciona de manera coordinada gracias a los fragmentos de los antiguos virus insertados en posiciones claves de nuestro genoma. El 8% del genoma humano consiste en antiguos retrovirus, un tipo de agentes infecciosos que integran su ADN en el genoma de su “víctima”como parte de su ciclo de reproducción y generación de nuevas partículas virales. Se llaman retrovirus endógenos y perdieron su capacidad infectiva hace millones de años. Hasta ahora los genetistas han pensado que se trata de una especie de parásito genómico, un residuo inútil de infecciones del pasado sin ninguna función.



Recientemente, los genetistas Nels Elde y Cédric Feschotte, de la Universidad de Utah, en Estados Unidos, han presentado en Science unos resultados que revelan lo contrario, al menos para algunos retrovirus endógenos del genoma humano. En su investigación demuestran que muchos fragmentos de ADN viral repartidos por el genoma humano forman parte de nuestro “sistema inmune innato”. Este sistema es una primera línea de defensa contra todo tipo de agentes infecciosos, no tan especifico como el “sistema inmune adaptativo”, pero más rápido.

En sus experimentos con células humanas cultivadas demuestran que la eliminación de uno o varios de esos elementos de ADN viral daña gravemente la capacidad de estas células para defenderse de agentes infecciosos. Ello demuestra por primera vez que algunos de estos elementos de ADN viral, tienen una función concreta en el genoma humano.

Virus con solo cabeza
Nuestra opinión de esta noticia es un indicio más de que el estudio del genoma humano y la aplicación de nuevas técnicas para ello encierra una gran fuente de nuevo conocimiento que nos puede llevar a cambiar la manera de entender el funcionamiento de nuestro organismo y los mecanismos de la enfermedad. Sin duda, la medicina del futuro no será como la conocemos ahora.

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